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Degustar y apreciar

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El vino de la celebración

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Las fiestas y las celebraciones no se conciben sin Champagne

En cuanto se vuelve efervescente, el Champagne ocupa un lugar preponderante en las fiestas y celebraciones reales, políticas, nacionales, mundanas, artísticas, deportivas…

El Champagne, el vino de la fiesta

A partir de finales del siglo XVIII, los productores de Champagne comienzan a controlar el fenómeno de la efervescencia. El vino que ya no es el atributo de los religiosos, asume un lugar preponderante en las fiestas. Su ligereza seductora encanta y deleita a los libertinos del siglo XVIII. Este vino del “tapón que salta” se bebe en las pequeñas cenas del Palacio Real. El rastro de los pedidos importantes realizados por la Marquesa de Pompadour para sus fiestas campestres es elocuente: en el baile de máscaras celebrado en el Hôtel de Ville en 1739, se bebieron no menos de 1800 botellas de Champagne…

A finales del siglo XIX, la aceleración y la multiplicación de los medios de transporte permitirán a los vinos de Champagne comercializarse a gran escala. Presente en todas las fiestas de la Belle Epoque, ya no se puede vivir si él; sólo se le quiere a él, se le llama familiarmente el 'Champ'.

Su renombre mundial hace que a principios del siglo XX, el Champagne es indispensable tanto para conmemorar los grandes acontecimientos -Bicentenario de la Revolución, festivales de cine- como las fiestas de excepción (aniversarios y fiestas de fin de año).

El Champagne, el vino de los bautismos

El bautismo de los buques tenía originalmente un significado ritual. Los Vikingos, para conjurar la suerte, esparcían sangre humana en los barcos recién construidos. En la Edad Media, la terminación de un barco daba lugar a ceremonias religiosas.

En una época lejana, el vino se asoció al bautismo de los buques. La rotura de una botella es una primera toma de contacto entre el buque y el elemento líquido. El vino le da suerte y celebra el acontecimiento.

Desde hace tiempo, el Champagne se ha vuelto indispensable en esta función. La botella, amarrada por una sólida cinta, soltada en dirección del casco, choca con éste y estalla en un alegre brote de espuma que es una imagen familiar.

En los hechos, para evitar cualquier accidente, la ceremonia del bautismo naval se arregla en los más mínimos detalles: la botella se lastra con plomo para que pueda romperse, sin rebotar, con el primer choque.

Todo el año, el Champagne acompaña y da ritmo a los acontecimientos de la vida, de las fechas de referencia, de las fiestas familiares, de las ocasiones a celebrar…

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